lunes, 31 de octubre de 2011

Adictos a la escritura: Especial Halloween

Vuelta a los proyectos. La inspiración ha escaseado últimamente, pero gracias a este proyecto he vuelto (y justo a tiempo para el Nanowrimo). Me encantan las historias de miedo, tanto leerlas (que no verlas en película, si quiero dormir esa noche) como escribirlas, aunque siempre tengo el miedo de que, en fin, no den miedo ^^.

Un sueño
"Creo que voy a matarte. Al fin y al cabo, esto no es más que un sueño."

Laura estaba sentada en el sofá cuando tuvo que levantarse y salir corriendo. No sabía el por qué, no sabía hacia donde, pero sí tenía claro una cosa: tenía que correr. Los pasillos informes quedaban atrás uno tras otro, conectando lugares que estaban a kilómetros de distancia los unos de los otros. Y entonces, aún sin volver la vista atrás, lo vio. En su mente el monstruo era poco más que una sombra sin forma concreta, pero eso la aterrorizaba más que ninguna otra cosa. Ahora estaba detrás y al segundo siguiente lo tenía delante, a su lado, cada vez más lejos. Cada vez más cerca. “Esto es solo un sueño” escuchaba la voz rodeándola. La iba a atrapar, tenía que salir de allí. “Creo que voy a matarte”.

−¿Qué está pasando aquí? −La voz de uno de los doctores la devolvió al mundo consciente. Miró el reloj de la mesilla: eran las tres de la mañana. Había vuelto a gritar en sueños y había despertado a su compañera de habitación quién, por supuesto, había empezado a gritar también. El doctor le inyectó algo a la otra chica que enseguida volvió a dormirse y se volvió hacia ella.

−Estoy bien, estoy tranquila −le dijo ella sin levantar la mirada antes de que abriera la boca. Aparentemente eso era todo lo que les importaba.

−Tienes que aceptar un tratamiento, no puedes pasar así todas las noches −Laura intentó no resoplar. Hacía meses que no dormía más de tres horas cada noche. Ya había intentado tomar somníferos y lo único que habían conseguido había sido encerrarla durante ocho horas de pura tortura en aquel horrible lugar de su mente. No, prefería las cosas como estaban. No se molestó en responderle. Sabía que aquel hombre nunca escuchaba realmente.

El sol le quemaba en la nuca y eso le gustaba. Tenía que aprovechar todas las horas al aire libre que le quedaban antes de que decidieran que estaba demasiado loca como para no internarla. Nadie la escuchaba, ella no estaba loca, no como el resto de gente del grupo de terapia.

−He oído que esta noche has vuelvo a gritar en sueños −le dijo una voz amable a su lado. No le gustaban los doctores, pero tenía que reconocer que ese al menos hacía el esfuerzo de escuchar lo que se le decía− ¿Quieres hablar de ello?

−¿De qué, doctor?

−Del accidente −por supuesto, de que si no. El accidente de coche había ocurrido hacía meses, ella no había ido al volante, así que sabía que no había sido culpa suya. Había lamentado la pérdida de su marido y su hermano, por supuesto, pero eso era todo. No estaba en shock y no se sentía culpable, su problema no tenía nada que ver con eso. Si estaba así era por culpa del monstruo de sus pesadillas. Apartó su mirada del médico y se volvió a mirar los árboles que la rodeaban−. Ya me habían dicho que no querrías hablar de ello.

−No es relevante, doctor. Mi problema es otro.

−Entonces háblame de ello. Háblame de tus pesadillas.

Había hablado de sus pesadillas con el primer psicólogo, pero este lo trató como algo sin importancia y la miró como si estuviera loca cuando ella insistió. Por otra parte, sabía que planeaban encerrarla de todos modos, así que no tenía mucho que perder. Y aquel hombre sabía escuchar. Suspiró y le contó que en sus pesadillas corría mientras una sombra la perseguía. Nada más.

Esa noche abrió los ojos y eran las cinco de la mañana. Había dormido dos horas más que de costumbre y, sin embargo, sentía que había pasado menos tiempo huyendo. La pesadilla había durado menos. En silencio, se levantó y salió fuera de la cabaña. Solo habían sido dos horas más, pero se sentía más despierta que nunca. De pronto, sintió una brisa en su espalda que la sorprendió, pero decidió no darle importancia. Esperó a que saliera el sol y fue a buscar al médico que escuchaba. Tenía que contarle todo sobre sus pesadillas.

Cuando lo encontró vio que tenía los ojos hinchados y ojeras, pero no le dio mayor importancia. Él la recibió con una sonrisa y, aunque pareció titubear cuando le dijo que quería hablar con él, la escuchó pacientemente. Le explicó todo: desde el lugar donde se encontraba hasta lo que sentía en cada momento de sueño. Cuando terminó sintió que se había quitado un gran peso de encima. Quizá aún no estaba todo perdido, quizá aún tenía una oportunidad de recuperar su vida.

−Espera, Laura −le dijo el médico antes de que se marchara−. Quiero que entiendas, que esta pesadilla es solo tuya.

−No le entiendo doctor.

−Esa pesadilla no es mía, no es de nadie excepto tuya −titubeó unos segundos antes de suspirar−. Solo tú puedes superarla.

¿Es qué no la había oído? ¡Ya había empezado a superarla! Al hablar un poco de ella se había hecho más corta, seguro que contándolo todo desaparecía por completo. Intentando no pensar mucho en sus palabras, salió de la habitación.

Esa noche no tuvo pesadillas, pero algo la despertó. Eran las cuatro de la mañana, pero sentía como si hubiera dormido nueve horas. Era la primera noche que descansaba de verdad desde hacía meses. No tenía sentido seguir en la cama sabiendo que no volvería a dormirse, así que se levantó y volvió a salir de la cabaña. Todo estaba rodeado de una oscuridad inimaginable para alguien que hasta entonces solo había vivido en la ciudad. En mitad de la montaña la noche tenía un color diferente.

Empezó a andar por la hierba, intentando no alejarse mucho de las cabañas. Un escalofrío recorrió su espalda. Paró en seco, intentado normalizar su respiración. “Está bien, no pasa nada”, se dijo, “es solo que he olvidado la chaqueta, eso es todo”. Dio un paso atrás. Otro escalofrió. No pasaba nada, sabía donde estaba la cabaña. Cerró los ojos y empezó a andar. Quería correr, pero no podía. “Abre los ojos” escuchó la voz frente a ella y, a la vez, a su espalda. “Esto es solo un sueño” canturreó burlona. Ella sabía que no lo era, se había despertado.

Empezó a correr, creyendo ir en dirección a las cabañas, pero sin estar totalmente segura. “Esto es un sueño, voy a matarte” la voz cada vez estaba más cerca, “igual que tú nos mataste a nosotros”. Abrió los ojos de golpe. La voz tenía razón, aquello era un sueño. Tenía que serlo porque estaba flotando en el aire y su marido y su hermano estaban con ella.

−No sé como pudo pasar. Se encontraba mucho mejor. Ayer mismo estuve hablando con ella y hubiera jurado que se recuperaría en cuestión de semanas. Parecía que el estar aquí era justo lo que necesitaba −la voz del médico estaba contraída por la frustración y el nudo que sentía en la garganta. Antes de irse a dormir se había asegurado de que todas las puertas estaban cerradas, como todas la noches. Había pasado a su habitación y ella había estado durmiendo con la expresión más calmada que había visto nunca en la mujer. No sabía que había podido ir mal. Lo último que hubiera esperado esa mañana era que le dijeran que habían encontrado el cadáver de Laura en el fondo de uno de los acantilados.

13 comentarios:

  1. Que impresión, no me esperara que muriera, no sé ha sido muy interesante el relato y bastante sobrecogedor. Estaría implicado el médico que escucha? Me ha gustado mucho, muy inquietante. Besos

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  2. uujjuuuu, cómo a mi gusta; cus cus y repeluz, dí que sí^^

    Te quedó genil, especial y único para estas fiestas:D

    Kisses y feliz Halloween:D

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  3. Muy bien escrito, me ha gusto mucho el planteamiento y el desarrollo. Felicitaciones :)

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  4. Que miedito, pobre mujer. Horrible forma de vivir sus últimos día!!
    Me gustó mucho!!

    Besos!!

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  5. El remordimiento de la culpa la lleva hasta su propio castigo. Saludos.

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  6. Menudo suspense, no podía parar de leer y quería saber todo lo que le pasaba y comprenderla, pero al final murió...
    Seguramente su pesadilla sea algo parecido a la culpabilidad de haber sobrevivido al accidente y eso la trastornó.
    ¡Qué horror! Parecía que se iba a recuperar.
    ¡Muy bueno!

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  7. De pequeño caminaba a oscuras por mi casa, guiándome por la escasa luz que se filtraba a través de las cortinas desde la calle. Fue mi forma de afrontar el miedo a la oscuridad.
    Nuestros miedos, incluso los que no comprendemos o no sabemos que tenemos, no hacen esclavos de nosotros mismos. Si a esto le añadimos un sentimiento de culpa escondido; superarlo, sin aceptar el problema, es imposible.
    Buen relato y... si que da un poquito de miedo.
    Un saludo
    ibso

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  8. Por Dios!!!! Qué original tu relato, cuando lo terminé me quedé :O me gustó mucho, pobre Laura, nadie le creía. Mientras lo leía me imaginaba todo con los detalles.
    Te quedó excelente

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  9. El final sobre todo, me encantó. Eso de despertar, confundir la pesadilla con la realidad, no saber lo que haces y la manera en la que su mente acaba viendo lo que desea, que es estar junto a su esposo y hermano. No sé, la mente humana es maravillosa.

    Me encantó como todo oculto su real miedo o la verdadera situación de su suicidio. ^w^

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  10. Uhm... creía que era otra cosa... y al final me confundí. Pero bueno, es normal porque ella no estaba lo que se dice normal...

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  11. Me encanto!! es muy bueno y original, pobre de laura..
    besos :)

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  12. Las historias de los enfermos mentales han sido un margen de horror y tragedia, no era algo extraño que Laura se suicidara.

    Lo siento por el doctor, pero las pesadillas de Laura eran los remordimientos que la atormentaban desde el día que surgió el accidente y la única forma que tenía para acabar con este tipo de problemas, era quitándose la vida.

    Es el único camino que eligen los enfermos mentales.

    Demasiado realista para ser una historia de horror mi querida Riwanon.

    Saludos Karuna ^^

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