domingo, 7 de agosto de 2011

Maratón de escritura

¡Yay! ¿Qué mejor manera de volver al blog que con un reto de este calibre? He tenido esto muy, muy abandonado. Y lo peor es que no solo han sido mis blogs, sino que también la escritura en sí, pero eso se acabó. Me encantan los retos y en noviembre me lo pasé genial con el Nanowrimo (aunque por causas ajenas y puntuales no pude terminarlo). Además, espero volver a coger un buen ritmo de escritura y esta es una buena manera de "obligarme". Hoy he aprovechado para terminar con lo que estaba leyendo (adiós "Festín de Cuervos", estoy deseando coger "Dance with Dragons") para poder dedicar todo o casi todo el día a escribir.

En un principio no voy a publicar lo que escriba inmediatamente, porque será el principio de una novela. Así que la compartiré cuando esté terminada y revisada (aunque prometo poner fragmentos para ir abriendo el apetito).

Me he preparado... bueno, he preparado algo. Tengo una libreta con las fichas de los personajes principales y las ideas para los primeros capítulos, lo cual para mi ya es bastante. En un principio pensé en escribir otra historia completamente diferente, pero al final me he decidido a escribir de una vez la historia de Sarah Windspell (a la que no mucha gente conoce, aún).

Será una historia de fantasía, pero sin mucha magia, con un toque steampunk, pero en una especie de edad media. Y con una chica que no está dispuesta a detenerse ante nada como protagonista.
En fin, buena suerte para todos y mañana, ¡a escribir!

lunes, 11 de julio de 2011

Adictos a la escritura, proyecto de julio

Uff, pensaba que no iba a llegar a tiempo. De hecho, ayer por la tarde aún estaba preguntándome que diablos iba a escribir, jeje. Hoy se cumple un año (¡feliz cumple!) desde que nació el grupo "Adictos a la escritura". Yo llegué justo cuando finalizó el primer proyecto, así que para mi ha sido un casi año en el que lo he pasado muy bien con los proyectos de cada mes (aunque me he saltado mas de los que me gustaría). El caso es que el tema para el reto de este mes era "cumpleaños", y por desgracia esa es una palabra que a mi no me inspira mucho. Al final lo que me encendió la bombilla fue una mezcla de cierto musical (y libro y serie) y un proyecto a muy largo plazo basado en este. Bueno, dejo de soltar rollos y dejo lo importante, el relato de este mes, enjoy!

El permiso del fugitivo

Miró al cielo y vio que el sol empezaba a caer. Ya veía el mar en la distancia y sabía que al ritmo que iba llegaría justo al anochecer. Aún así, picó espuelas esperando no agotar demasiado a su caballo en los últimos kilómetros que le quedaba para llegar a la playa. Sabía que era absurdo, que por mucho que corriera el sol no iba a desaparecer más deprisa y que no pasaría nada hasta que no acabara el día y pudiera ver las estrellas en el cielo. Todos los años esperaba con ansia que llegara el día 11 del séptimo mes, el cumpleaños de su amado y odiado John.
Cuando llegó a la playa el sol aún le calentaba los brazos, pero aún así se dio prisa en bajar los fardos que llevaba su montura y en preparar una tienda decente para pasar la noche. Una vez el pequeño campamento estuvo montado, recorrió los alrededores juntando ramitas y troncos secos que apiló frente al mar. Solo entonces, se sentó a esperar. Justo cuando el último rayo de luz desaparecía en el cielo vio una antorcha que le iluminaba.
Allí estaba él, radiante como siempre a pesar de vivir en constante huída. Al principio, antes de que todo empezara, había sido hermoso, muy hermoso, pero ahora el sufrimiento se reflejaba en sus arrugas y en su pelo blanco. Sin embargo, para él seguía siendo el hombre más guapo de toda la Tierra. Además, a él los años no lo habían tratado mucho mejor. ¿Cuánto tiempo había pasado? Quince, veinte años… demasiados, sin ninguna duda. Sin decir una palabra, entró en el campamento y encendió la pequeña hoguera.
−Wilson. −Dijo finalmente casi sin mirarle a la cara. Se sentó a su lado, acercándose tanto como pudo a la hoguera.
−John, −respondió sin apartar los ojos de aquella figura que, pese a los años, seguía siendo poderosa. Entonces vio que estaba empapado−, ¿por dónde has venido este año?
−Señor inspector, −dijo con una sonrisa en sus labios−, creía que hoy era mi día de permiso. Deje sus interrogatorios para cuando consiga por fin echarme el guante… si es que lo consigue alguna vez. −Había pasado quince… o quizá veinte años intentando arrestar a ese hombre y, aunque en ocasiones había llegado a rozarlo con los dedos, nunca lo había conseguido. Aún así no perdía la esperanza−. Hoy es mi cumpleaños, que no se te olvide.
−No, no lo olvido. −Respondió mientras alargaba la mano para tocar su rostro y obligarle a mirarle a los ojos. Allí aún vivía aquel brillo que cautivara su corazón tantos años atrás, un brillo que ni siquiera los largos años a la fuga habían podido tocar−. El único día del año en el que yo dejo de ser un policía y tú mi fugitivo.
−Es un buen regalo. Si no hiciéramos esto no volveríamos a vernos jamás −comentó con su habitual sonrisa torcida.
−No digas eso, no sería capaz de vivir sin ti −y era verdad, pero siempre se castigaba mentalmente por ser tan sincero con él. Ya bastante creído se lo tenía.
−Lo sé −respondió mientras le pasaba un brazo por los hombros para atraerlo hacia él. Wilson se dejó llevar y apoyó la cabeza en su hombro. La primera vez que hicieron eso había acabado con una sensación extraña en el estómago. Durante semanas fue incapaz de mirar a ninguno de sus compañeros a la cara, sabiendo que había tenido entre sus brazos a un criminal y lo había dejado marchar. Sin embargo, la alternativa no habría sido mucho mejor, ya que para detenerlo habría tenido que romper la promesa que le había hecho a John y él era un hombre que nunca rompía sus promesas. Con el paso del tiempo la culpa se había hecho más llevadera, pero nunca había llegado a desaparecer del todo. Aún así, no podía evitar esperar con ansía esos cumpleaños.
−Este año no escaparás.
−Claro, claro. Igual que el año pasado y el anterior.
−Este año te atraparé.
−Lo que tú digas −Lo atrajo más hacia si para rozar sus labios en un suave beso−, pero te repito que hoy es mi cumpleaños, vamos a celebrar.
−Sí… −suspiró−, feliz cumpleaños.
Sin una palabra más se dejó llevar por sus fuertes brazos, por sus suaves palabras. Sabía que John disfrutaría de aquella noche al máximo, siempre se le había dado bien vivir el momento. Sin embargo, entre aquella maraña de amor y placer, Wilson no podía evitar pensar en el largo año que le esperaría por delante persiguiendo a aquel hombre al que tanto amaba. Sobre ellos, la luna continuaba su camino y el azul del cielo había dejado de ser tan oscuro cuando, por fin, Wilson cayó rendido sobre la arena, incapaz de mantenerse despierto ni un segundo más.
Tenía la sensación de apenas haber dormido unos minutos, pero cuando escuchó los graznidos de las gaviotas y abrió los ojos vio el sol sobre él. Miró a su alrededor, sabiendo de antemano que iba a encontrar. El mar frente a él, la hoguera fría desde hacía horas a su lado y una carta sujeta al suelo con una concha. “Hasta el año que viene” rezaba la elegante caligrafía. Igual que todos los años. Suspirando, empezó a recoger el campamento y a cargar a su caballo para volver a la ciudad.

lunes, 4 de julio de 2011

Wikio

En plena sequía de inspiración (que por más que me repita que eso del bloqueo del autor no existe, no hay manera de que vuelva a escribir) una amiga me pasó está página. Wikio reúne a redactores freelance y les propone diversos temas. La gracia está en que eres tú quien eliges sobre lo que quieres escribir (siempre que el tema lo proponga la página) y no tienes obligación de escribir un número determinado de artículos por mes, si no que escribes a tu ritmo. Aparte, dan una pequeña remuneración por artículo (que aumenta con las visitas que tenga el artículo), que nunca viene mal.
La página es esta: http://www.wikio-experts.com
Y aquí están algunos artículos que he escrito:
- ¿Cómo aprender a tiras las cartas del tarot?
- Cinco ideas originales para mejorar una casa de muñecas
- Amigurumi: peluches de ganchillo fáciles y adorables

Como veis los temas son de lo más variopinto. Si alguna está interesada en la página y no os importa, me gustaría invitaros (ya que te dan algunas ventajas si invitas gente, lo normal en estas páginas).

martes, 24 de mayo de 2011

Adictos a la escritura. Ejercicio de mayo: microrrelato

En fin, no os confiéis, que hasta dentro de un mes me temo que no voy a volver a escribir nada en ninguno de los dos blogs. Ahora tengo excusa, porque este viernes empiezo los exámenes, pero me temo que no tiene perdón que haya estado casi un mes sin escribir nada xD
Bueno, este es mi pequeño aporte para el ejercicio de este mes de Adictos. En esta ocasión teníamos que escribir un microrrelato y no podía fallar, me encantan los microrrelatos. ¡Espero que os guste!

RASCACIELOS
Cuando el último árbol cayó, una lágrima rodó por su rostro. La guerra había acabado y, esta vez, parecía que habíamos perdido. Yo no quise mirar, pero tan solo era un gesto simbólico. Todo a nuestro alrededor era pura desolación, mirara donde mirara solo iba a encontrar aquellas enormes moles grises que se amontonaban hacia el cielo. No podíamos seguir allí. Aquel lugar, quizá el mundo entero, estaba acabado. Tiré de su mano, quise caminar y que nos alejáramos de ese lugar, pero ya era demasiado tarde: sus pies habían empezado a echar raíces en aquel suelo polvoriento. Con una triste sonrisa, decidí quedarme a su lado. El bosque no podía morir.

jueves, 28 de abril de 2011

Hoy...

...me gustaría caminar por el monte entre la niebla, pero solo puedo observarla desde detrás de estos barrotes.

jueves, 31 de marzo de 2011

Adictos a la escritura: Regálame una foto

Madre mía, cuanto tiempo sin postear nada por aquí. Odio la universidad, menos mal que está "Adictos a la escritura" para "obligarme" a escribir algo de vez en cuando. Estaba deseando que saliera este ejercicio, es curioso ver como una imagen puede inspirar cosas tan distintas a distintas personas. En fin, esto es lo que me ha inspirado a mí esta playa paradisiaca ;):



“Decidí esperarle”, pensó sentada sobre la arena con una bolsa de deporte tirada a su lado, “decidí esperarle sabiendo que él nunca vendría”. Cualquiera pensaría que con tan deprimentes pensamientos sus ojos estarían cargados de lágrimas, pero en su rostro ni siquiera se podían ver los surcos dejados por un llanto ya agotado. La muchacha le limitaba a mirar fríamente la línea, casi imperceptible en un día tan soleado, que separaba el cielo y el mar. Aquella playa le traía muchos recuerdos, por eso había decidido citarle allí. En esa playa había corrido desnuda cuando no era más que una niña, allí había reído con sus amigas mientras charlaban sobre tonterías de adolescentes y bajo ese cielo azul había conocido al amor de su vida. Mirando el mismo infinito mar azul, así lo había encontrado cuando le conoció. Sus ojos sí estaban cargados de lágrimas que derramaba sin siquiera un atisbo de vergüenza. Cuando ella vio tan enternecedora imagen supo que jamás podría sacárselo de la cabeza. ¿Qué le pasaba a ese pobre muchacho? Se preguntaba ahora, sentada en la arena sin mover ni un músculo. Le había respondido, de eso estaba segura, pero era incapaz de recordar qué. Solo recordaba la sonrisa que consiguió arrancarle y sus ojos, azules como el mar que contemplaban. “Me llamo Daniel, vivo aquí”. No era un rezagado turista aprovechando los últimos días del verano y eso le gustó, porque así podría verle tantas veces como quisiera. “Tengo 18 años”, igual que ella, pero él no quería estudiar en la universidad. Amaba... amaba los motores, creía recordar. Sí, le gustaban las máquinas, quería ser mecánico. Eso también le gustó, porque no se iría a otra ciudad y podría quedarse a su lado. El sol caía implacable sobre su nuca, quemándole tan fuerte que empezaba a hacerle daño, pero no le importaba, porque ella había decidido esperarle, aunque supiera que era imposible que viniera. Desde que se conocieron habían charlado, tomado cafés y paseado. Pasaron las semanas y, un día, Daniel volvió a sonreír de corazón. Qué bien, ya habría superado lo que sea que le pasase en la playa, eso es lo que ella pensaba. “¿Por qué has vuelto a sonreír?” le había preguntado. Él le respondió, pero ella era incapaz de recordar la respuesta. Ese día estaban en su casa, preparando palomitas para una noche viendo películas. Ella iba a besarle esa noche. Ya habían decidido verse en la playa al día siguiente, dar un paseo y charlar. Ella había planeado besarle allí, frente al mar azul como sus ojos, pero tenerlo tan cerca esa noche le hizo cambiar de planes. Y entonces él respondió a su pregunta. Miraba absorta el mar, ¿la respuesta? Después de la respuesta ya no quería besarle. No la recordaba bien, pero él le habló de un hombre... o quizá era una mujer, poco el importaba. Él le habló de amor, de un nuevo amor en su vida, de un amor que no era ella, que nunca lo sería. Y ella sintió una furia que nunca antes había conocido. Al recordar aquel horrible momento tenía que sentir dolor y llorar, pero, por alguna razón, no podía. Había un cuchillo en la mesa, pero no recordaba en que momento lo había cogido. Mirando ese mar azul no recordaba que había pasado, porque mirar a ese mar era como mirarle a los ojos. Sus ojos llenos de dolor antes de cerrarse para siempre. "Él no va a venir, pero he decidido esperarle”.

jueves, 3 de marzo de 2011

Scene 20: Sueño

No sabía muy bien si colocar esta entrada en el blog de escritura o en el de BJDs... así que al final la voy a poner en los dos. Como estoy en un punto un pelín muerto con las tribus, he decidido inspirarme siguiendo con el Scene 20. Tenía ganas de escribir algo sobre el pasado que Nanashi no recuerda y, bueno, al final ha salido esto. ¡Espero que os guste!




Sus pies se movían al ritmo endiablado de la música, mientras sus brazos trazaban figuras imposibles en el aire. Sus largos cabellos rubios bailaban con él, casi con voluntad propia, enroscándose en su figura. Su cuerpo medio desnudo se retorcía ante aquellos hombres que le miraban con los ojos cargados de lujuria. Lo odiaba con toda su alma, odiaba tener que entregar algo tan bello como su baile a aquellos cerdos. Por eso, siempre que podía, cerraba sus ojos azules e imaginaba estar en otro sitio. No pedía mucho, nunca imaginaba un lugar con cortinas de seda, ni espléndidos banquetes. No, el lugar en el que vivía estaba lleno de todo eso y, aunque normalmente él no podía disfrutarlo, no lo deseaba lo más mínimo. Cuando bailaba se imaginaba perdido en el bosque, un río corriendo a sus espaldas y el sol acariciando cada centímetro de su piel. A su lado, la única persona con la que deseaba estar: su hermano Misha. Su fantasía solía ir aún más lejos que el simple hecho de darle paz, ya que el muchacho tenía en su mente demasiadas cosas que olvidar. En sus fantasías Misha no era esclavo de la única tarea que le habían encomendado: cuidar de él. Misha le miraba con tanto o más amor que con el que le miraba siempre, pero en sus ojos se reflejaba algo más. Quizá, solía pensar, si ambos fuéramos libres él me miraría así. Pero entonces la música paraba y con ella los movimientos que siempre le hacían huir a su paraíso particular. Los hombres y sus horribles miradas seguían ahí y él rezaba para que tuvieran cosas que hacer, asuntos importantes que tratar, y le dejaran marcharse al menos una noche tranquilo a su habitación. Hasta ahora nunca había tenido suerte y esa noche no iba a ser diferente.
Horas más tarde, sujetándose con las manos a una pared para no perder el equilibrio, por fin era libre de volver con Misha. Le esperaba despierto, como siempre, sin importar lo tarde que llegara. Al fin y al cabo era su deber. Y, como siempre, al verle llegar en tan terrible estado se echaba a llorar mientras le curaba sus heridas e intentaba hacerle sentir mejor. Si algo bueno tenían las noches era eso, su querido Misha demostrándole lo importante que era para él, lo mucho que lo quería... aunque nunca fuera a quererle de la misma manera que él.
−Tienes que marcharte ya −dijo ese día de repente. Ya había insistido antes en que huyera, pero nunca así−. No solo por esto, no esta vez. Tu vida corre peligro, mi querido hermano. No te preocupes, Amir nos ayudará, tenemos un plan y...
Su voz empezó a perderse en la lejanía. "Hermano" y "Amir" eran las dos palabras que más odiaba en el mundo y fue la única excusa que necesitó su mente para caer inconsciente. En sus sueños, volvía a escuchar el canto de los pájaros.